Me siento a desayunar, pensando en cómo encarar la primer diapo de un PPT que será la presentación de una charla a emprendedores. Llevo más de 30 años trabajando en proyectos propios, y no imagino mi vida profesional haciéndolo de otra forma. Escribo esto:

-Hola. Me llamo María Tesolini Vincetic y soy emprendedora. Soy hija de un peruano, y una yugoslava-. Siempre lo digo porque me sigue fascinando esa mezcla genética y sé, fehacientemente, que de esos cromosomas, ha salido un curioso mix-

(Y pienso) que en mi familia, el emprendedurismo viene de la rama materna. Sí. El empoderamiento femenino. Tan actual hoy, tan presente en mí.

Mi abuela –acá está la clave- y mi mamá, llegaron a Argentina en 1952, post Segunda Guerra Mundial. Mi mamá tenía 12 años y recuerda el día que cruzaron el Meridiano de Greenwich porque mi abuela le cambió el vestido en la cubierta del barco en el que venían.

–Ya estamos del otro lado –le dijo mi abuela a mi mamá- con mucha suerte, todo en América será mejor-. Y le cambió el vestido. Un símbolo. Un ritual. Un deseo. No sabían que desembarcarían en Buenos Aires. Creyeron que iban a Estados Unidos. (bueno)

No sabían el idioma, y no tenían familia. Solos, desembarcaron en el ojete del mundo. Revisando mi propia historia, encuentro que ese fue un gran primer acto emprendedor. Seguramente muchos de ustedes son hijos de inmigrantes también, y entienden a lo que me refiero. Sin teléfonos, sin dinero, sin internet… sin Google (OMG) todas esas familias y personas, “emprendieron” un nuevo camino.

Renata (mi mamá), Vera (mi abuela) y Zorane (mi tío)

Vivieron un mes en el Hotel de Inmigrantes, el mismo de la calle Antártida Argentina, donde comienza el corredor de Puerto Madero, cerca de Retiro. Hace años, diseñando un libro, tuve la suerte de visitar el edificio y fotografiarlo por dentro y por fuera. Fue algo fuerte, sabiendo que por ahí había pasado mi propia familia, y tantas otras. Felizmente, y siguiendo con las “coincidencias” en mi vida, el fotógrafo de ese proyecto, fue mi hermano Adrián.

Decía entonces, que desde el día que llegaron a Argentina, mi abuela “emprendió”. Comenzó cosiendo en un taller en el barrio de Constitución. Era algo que sabía hacer muy bien. Más adelante, empezó a coser para señoras de la alta sociedad: iba a domicilio para diseñar y confeccionar vestuarios completos para toda la familia. Pasaron unos años, e impulsada por Pino, un italiano que yo conocí como mi abuelo, decidió montar un local propio: en la mítica y recién inaugurada Galería Santa Fé, ella abrió una Tienda que llamó con su nombre de pila: VERA. Y acá, aplaudo de pie su visión emprendedora al elegir su nombre propio como “marca personal” del negocio: las señoras la elegían a ella, no a otra. Sus diseños eran impecables. La “identidad” de quien tiene claro lo que desea, lo que hace y cómo lo hace.

VERA hacía vestidos. Nada común u ordinario. Sólo vestidos únicos e irrepetibles, de fiesta. Algunas telas las importaba Pino desde Italia. Seda, shantung, crepe. Mi mamá me decía que fue una época muy feliz para ella. Justo entre los 15 y los 18 años, cada vez que tenía una fiesta, ella elegía del local el vestido que más le gustaba, y nunca repetía el modelo. Tenía el vestidor más surtido, hermoso, y grande del mundo.

Retazo de tela del primer traje de mi mamá, firmado por mi abuela

Años más tarde, cuando me lo contaba, vi la paradoja y supe que a veces una modifica su comportamiento con el paso del tiempo. Mi mamá abandonó esa fascinación por la moda y yo heredé de ella la practicidad, la informalidad, el gusto por lo funcional y práctico más que por lo bello “per se”. Si no es cómodo, no va conmigo. Incluso ahora, ya mayorcita, aplaudo la moda de usar el cabello “al natural”, las canas sin teñir, algo que mi mamá hizo toda su vida, muy a la vanguardia, y desafiando a todas sus amigas que no dejaban de decirle: -¿Porqué no te teñís esas canas? ¡Te queda mal, te hace lucir mayor!
¿De dónde nos llega el mandato de que dejar las canas al descubierto (aclaro que mi madre tuvo el pelo todo blanco ya a los 30) es desprolijo, descuidado, o queda mal?

(Perdón, me voy por las ramas y “procastino”. Retomo el tema): EMPRENDER

Ser #emprendedor es algo que puede resultar natural en algunos, y tremendamente estresante en otros. Creo que viene con los genes (el cuentito de arriba viene a esto). Puede construirse, pero honestamente, creo que uno lo lleva encima. Primero hay que tener un deseo, y hay que saber mirar (y mirarse), reconocer lo que uno desea ser; escuchar, prestar atención a lo que el afuera demanda, y si es algo que uno sabe hacer, y lo disfruta, ahí hay un nicho. Tejer “redes”, conectar e interactuar con otros, encontrar un partner, un aliado, un gestor, un mentor, alguien que haga lo que uno sabe hacer o que le muestra nuevas rutas, también es parte de emprender. Como lo hizo mi abuela Vera, casi 60 años atrás.

Esto es intuitivo, no tengo asidero ni bibliografía que lo respalde. No soy de las teorías. Soy de la práctica. Yo… HAGO. Soy de procesos. Pienso. Pienso, Pienso… y hago. Analizo, transito la experiencia, lo vivencio, y hago. La motivación, la pasión, ¡la necesidad! Agradezco a la necesidad y a las situaciones incómodas que hacen poner en crisis todo lo que uno viene haciendo para cuestionarse, debatir, y repartir de nuevo. Benditas Malditas Crisis.

(Redondeemos, me dicen por “cucaracha”)

Firmemente creo, que si están pensando en armar algo propio, si tienen esa “necesidad” interior de contar y de hacer algo que los define; que si ya están transitando el camino autónomo (o no), si tienen una idea (o muchas): EMPRENDAN ¡Miren para adentro y revisen hacia atrás! No hace falta irse muy lejos. Van a encontrar data en su propia vida y en la de sus ancestros, que les dará la info necesaria para darse cuenta de si en ustedes, existe o no, ese ADN EMPRENDEDOR.

Maria Tesollini

4 comentarios en “ADN EMPRENDEDOR”

  1. Gracias por invitarme a compartir esto con ustedes! Cuando escribi la nota, no tenia un #mentor -una felicidad haberte encontrado Martin Cabrera!!- y no es coicidencia, que hoy este escribiendo acá, siendo parte de la comunidad o2 desde adentro.
    Feliz dia cada día emprendedoras !!

  2. Hasta las lágrimas con este relato, de corazón, hermoso Reviví mi historia de nonnos y familia, me emocioné y también resonó con tu perspectiva y sensaciones sobre el emprender.
    Feliz día a toda esta comunidad!

  3. Mery

    En cuanto leí la historia de tu mamá y tu abuela me sentí identificada.

    Mis abuelos también de Yugoslavia creyeron que iban a Estados Unidos a encontrarse con el hermano de mi abuelo y terminaron en argentina.
    Luego de muchos años investigando me dijeron que a las filas las mandaban a argentina y a los solteros a EEUU.

    Qué loco. Somos varios igual.

    Igual que tu gen, el mío es el de crear crear y crear. Y viajar viajar y viajar. En lugar se volar, yo me sumerjo a 30 metros jajajjajajaj

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Autor
Mery Tesolini

Mery Tesolini

Diseñadora gráfica y social media manager de profesión, otrora diseñadora de joyas y emprendedora de alma. Amante del vuelo libre, ¨personal eater¨ y cocinera amateur. Creativa incansable en constante movimiento puedo decir que disfruto enormemente de las experiencias culinarias, de las escapadas cortas y los largos viajes, de los encuentros con amigos, de mirar la tierra desde el aire y sí, tambien del marketing digital pues #nerd
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